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Parador de La Palma

El Parador de la Palma, está ubicado en un sitio de gran belleza paisajística, no lejos de la capital, en el término municipal de Breña Baja. El edificio, de nueva planta, goza de vistas privilegiadas sobre la costa y sigue los cánones de la arquitectura canaria tradicional.

Exteriormente, destacan las típicas balconadas de madera y, sobre todo, su amplio jardín, con predominio de plantas autóctonas, y en el que se sitúa la piscina. El interior está decorado con atractivo mobiliario clásico de tonos cálidos y las habitaciones, diseñadas con criterios modernos, son cómodas y luminosas.

La isla de La Palma tiene forma triangular, con las mayores alturas del mundo en relación con su superficie, la más verde de las Canarias, la única con riachuelos y, junto con Lanzarote, la que tiene una actividad volcánica más palpable.

Santa Cruz de la Palma, la capital, está situada a ocho quilómetros del Parador. Fue fundada por los castellanos en 1493, y entre los primeros colonos hubo algunos flamencos interesados en promover los ingenios azucareros.

La Caldera de Taburiente es la gran atracción natural de la isla. Ocupa una extensión de 4.690 hectáreas, con más de un centenar de fuentes y manantiales, bosques de pino canario y sauces.

Es una depresión con unos ochocientos metros de profundidad, algo más de veintiocho mil metros de circunferencia y nueve mil metros de diámetro. Sus paredes se elevan por encima de los dos mil doscientos metros de altitud.

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Parador de Trujillo

En la monumental ciudad de Trujillo, cuna de descubridores, se alza este hermoso hotel sobre el antiguo convento de Santa Clara, conservando el ambiente de paz y sosiego que le imprime su estructura conventual.

Ideal para el descanso, el ocio y el trabajo, el hotel cuenta con salones amplios y tranquilos, habitaciones nobles en las que prima la madera y un bar cafetería situado junto al luminoso claustro del Parador.

Trujillo es una de las poblaciones más visitadas de Extremadura gracias a su conjunto monumental renacentista, uno de los más completos y mejor conservados del país.

La ciudad se levanta sobre un cerro donde ya los celtas fundaron un campamento. Después los romanos hicieron lo propio, dándole el nombre de Turgalium. Los árabes construyeron el castillo, que cederían en 1232 a los castellanos.

Muchos de estos últimos partirían a la conquista de nuevas tierras en América; los Francisco Pizarro, Francisco de Orellana y Diego García de Paredes, entre los más ilustres, por lo que la localidad es conocida como “cuna de conquistadores”.

El castillo fue construido por los árabes sobre una fortificación romana. En los siglos XV y XVI fue ampliado y reformado. En su interior se puede visitar la capilla de la Virgen de la Victoria, patrona de la ciudad y el patio de armas donde se conservan dos aljibes árabes.

Además de los monumentos, esta ciudad cuenta con Monfragüe, uno de los ecosistemas de bosque mediterráneo mejor conservados de la península. Encinares y alcornocales dan cobijo al búho imperial, a la cigüeña negra, al águila imperial y a la mayor colonia europea de buitres negros. También el lince habita este privilegiado espacio natural, así como jabalíes, venados y corzos.

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Parador de Ávila

El parador Raimundo de Borgoña en Ávila está situado al norte del recinto amurallado, en el mismo centro de la población, y está instalado en un palacio del siglo XVI conocido como “Piedras Albas” por el pálido cromatismo de sus piedras.

El nombre del establecimiento hace referencia al conquistador de la ciudad, Raimundo de Borgoña, promotor igualmente de las murallas, dentro de las cuales se integra perfectamente la fachada del parador.

Reformado por completo entre 1995 y 1996, sus dependencias, entre las que destaca el patio acristalado, se modernizaron adaptándose a criterios más amables y actuales, con colores vistosos, pero respetando el estilo renacentista abulense.

De las sesenta y una habitaciones, las que se encuentran en la torre tienen vistas hacia el exterior o hacia el jardín y están decoradas, como el resto de las dependencias, en estilo castellano.

Ávila, gastronómicamente hablando, constituye una síntesis de las culturas árabe, cristiana y judía, todas ellas pobladoras de su suelo. Entre los productos originales de esta zona sobresalen las carnes y las famosísimas judías de El Barco.

Entre los platos representativos de la provincia destacan el cochinillo asado, la caldereta, las patatas revolconas y las truchas del Tormes. En el terreno de la repostería, se merecen una mención aparte las yemas de Ávila cuya tradición se remonta más de un siglo.

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Parador de Sigüenza

Este parador se ha acomodado en un castillo medieval que, aunque restaurado,  conserva intacto el encanto que le proporcionan sus ocho siglos de antigüedad. Está localizado en la parte más alta de la ciudad, lo que garantiza unas vistas extraordinarias.

Alcazaba árabe y luego residencia de los obispos de Sigüenza, en 1487 visitaron la fortaleza los reyes católicos. El castillo fue remodelado en el siglo XVIII, y tras la guerra civil se abandonó hasta la década de los setenta del pasado siglo, cuando se convirtió en parador de turismo.

Ambientado con mobiliario castellano y motivos decorativos de la Edad Media, conserva intactas sus dependencias; salón del trono, patio de armas y la preciosa capilla de estilo románico.

Las habitaciones (81), son amplias, intimistas y acogedoras; las de la primera planta están decoradas en tonos azules, con muebles de época, y las de la segunda, en tonos rojos. Algunas disponen de cama con dosel  y terraza.

La cocina de Sigüenza coincide básicamente con la castellana. Por lo resultan especialmente suculentos sus asados. Son comidas sencillas y tradicionales, aunque exquisitas.

Como excursión, a unos veinticinco quilómetros se encuentra Medinaceli, con uno de los pasados más ricos de la zona, como demuestran sus numerosos vestigios arquitectónicos. En las calles angostas de la antigua villa, de claro trazado árabe, descubrirán numerosas casonas blasonadas de los siglos XVI y XVII.

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Parador de Ronda

Se alza al borde del impresionante tajo horadado por el río Guadalevín, que determina la peculiar configuración urbana de la ciudad, ocupando el lugar del antiguo mercado de abastos y primitivo ayuntamiento de Ronda, del que se ha respetado la fachada. El pequeño jardín, donde está la piscina,  se asoma al tajo.

El hall de entrada está cubierto con una llamativa cúpula de cristal, y la decoración, que no excluye elementos del más contemporáneo diseño, no se identifica con la imagen tradicional de los paradores.

Las setenta y ocho habitaciones son alegres y desde sus balcones se disfruta de unas excepcionales vistas. Las dúplex y algunas dobles cuentan con grandes terrazas que invitan a la contemplación y contribuyen a disfrutar de esta ciudad romántica y torera por excelencia.

Ronda cuenta con una de las gastronomías más sabrosas y variadas de Andalucía, que ofrece desde las migas rondeñas a los ajos con jamón y el guiso de patas de cerdo. La impronta árabe también se manifiesta en los fogones, sobre todo en postres como los pestiños de almendra o las célebres yemas del Tajo.

Junto con la cocina, otras pericias de los rondeños que han permanecido inalterables son las artesanías que se elaboran en sus talleres de vidriería, forja, cerámica y talabartería.

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Parador Fernando de Aragón

El Parador ocupa un edificio de moderna construcción, aunque sumamente respetuoso con el entorno arquitectónico que lo circunda, uno de los más importantes conjuntos medievales de Aragón. Su nombre honra la memoria del más ilustre hijo de la villa, el rey Fernando II de Aragón, más conocido en los manuales de historia como Fernando el Católico.

Su emplazamiento, en pleno casco histórico, permite disfrutar de hermosas vistas de la ciudad. La reciente renovación de los interiores, que ha afectado tanto a los espacios comunes como a las habitaciones, amplias y luminosas, con mobiliario castellano, ha mejorado considerablemente las prestaciones del establecimiento.

Consta de 66 habitaciones, 2 de las cuales son individuales, 2 preparadas para minusválidos, 43 dobles standard, 14 dobles especiales, y 5 superiores con salón; además de restaurante y cuatro salones sociales.

Las especialidades culinarias del lugar dependen en buena medida de la caza menor y mayor de los montes vecinos. Los asados de ciervo y jabalí y la exquisita liebre al chocolate satisfarán los paladares más exigentes, sin olvidar otras especialidades culinarias aragonesas como el pollo al chilindrón y el cordero a la pastora.

El Parador también cuenta con un restaurante en un marco agradable, recientemente reformado, como el resto de las instalaciones, donde podrá encontrar las especialidades antes mencionadas.

La ubicación del hotel es el centro adecuado para emprender diversas excursiones por los valles pirenaicos navarros y aragoneses, de gran belleza histórica y paisajística.

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Parador Condes de Alba y Aliste

En el centro de la ciudad de Zamora, en la plaza de Viriato, está situado el palacio de los Condes de Alba y Aliste, construido originalmente en 1453 y que, tras sufrir daños en la guerra de las Comunidades, fue remodelado a mediados del siglo XVI, época a la que corresponden los elementos arquitectónicos renacentistas que lo caracterizan.

Desde 1968, año en que comenzó a funcionar como Parador, ha sufrido varias reformas; en 1996 se realizó una importante ampliación, con el añadido de una nueva ala con tres plantas, que armoniza perfectamente con el estilo monumental del conjunto. Al mismo tiempo, se modernizaron las instalaciones, y muy especialmente los cuartos de baño, ahora completamente de mármol.

No obstante, el Parador con 52 habitaciones sigue manteniendo su estilo palatino, su monumental escalera y su bello patio, con doble galería y medallones labrados en las enjutas de sus arcos, permanecen intactos, así como los antiguos objetos que decoraban sus zonas nobles; los tapices de la Real Fábrica, las armaduras, los maravillosos bargueños, los escaños y los escudos heráldicos. Para disfrutar de la tranquilidad del entorno, nada mejor que su agradable jardín, en el que se sitúa la piscina.

La provincia de las tierras del pan y del vino, no podía por menos que ofrecer una cocina personal dentro del más puro clasicismo castellano. Pero a ello hay que añadir la fama, ya desde el siglo X, de las truchas de Sanabria. La ganadería abastece de materia prima para sus famosos asados, particularmente el tostón a la zamorana y la presa de ternera.

En la zona de Toro, se elabora un excelente queso tipo manchego que no tiene nada que envidiar al de dicha región. El arroz recibe un trato especial en Zamora, donde se prepara con carne de cerdo y chorizo.

 

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Parador de Málaga

En un bello paraje natural domina desde su ubicación, en el monte Gibralfaro, toda la ciudad con la plaza de toros en primer plano. El edificio data de 1948, y se amplió y reformó por completo en 1994.

Una gran arcada, bajo la que se localiza una agradable terraza, da paso al bar-cafetería, decorado con vigas de madera a la vista. La intensa luz mediterránea queda matizada por los gruesos muros de piedra, más propios de ambientes serranos.

La decoración interior, en tonos suaves, ha sido un acierto. Interiorismo moderno con tonalidades muy bien combinadas que han representado un éxito en el mundo de la decoración.

Tras la reforma, las habitaciones han mejorado considerablemente su equipamiento, destacando los espejos de aumento en el baño. Son amplias y alegres y desde sus balcones se obtienen excelentes vistas de la bahía y la ciudad de Málaga. También desde la piscina situada en el ático.

En la Provincia de Málaga se podrían diferenciar dos cocinas, ambas tradicionalmente andaluzas. En la zona de la costa se consumen los populares pescaditos fritos, o sardinas y salmonetes asados en espetón

En el interior, las cocinas de Antequera y Ronda nos ofrecen calabacetes, quesos de cabra y oveja, lomos de cerdo en manteca, etc. Y para finalizar un vino dulce de gran personalidad propio de la región, que ya era degustado y alabado por los romanos.

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Parador Río Deva 

En Liébana, a los pies de ese vertiginoso murallón de calizas carboníferas que forman los macizos central y oriental de los Picos de Europa, se alza el parador Río Deva, punto de partida ideal para emprender excursiones en plena naturaleza.

Como es habitual en las construcciones de montaña, el edificio está conformado exteriormente por piedra y pizarra, caracterizado por sus amplias galerías acristaladas.

Las setenta y siete habitaciones, que recientemente han sido renovadas al igual que el resto de las dependencias, son sencillas y cálidas, con suelo y muebles de madera en tonos claros. Desde ellas se disfruta de fantásticas vistas hacia los imponentes Picos de Europa o hacia las altas y verdes montañas del valle de Liébana.

Entre las comidas típicas figura el cordero lechal asado, el solomillo al queso de Cabrales, las judías verdes a la cántabra, el salmón con setas, la tabla de quesos de Liébana, carnes de caza como el jabalí o el corzo; todo regado con los afamados vinos de Rioja.

Después del festín, puedes subirte al teleférico, situado a unos metros del Parador, que termina en el mirador del Cable a unos 1850 metros, donde hay una cafetería con excelentes vistas panorámicas, y desde donde se pueden emprender innumerables excursiones de montaña.

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El Parador de Las Cañadas

Este Parador se alza a 2.152 metros de altura, en el Parque Nacional del Teide, y es la única edificación hotelera dentro del Parque. Aparece enclavado en un bellísimo escenario; en su frente la Montaña Blanca, el Pico Viejo, con las narices del Teide, y el volcán Corona; circundando su parte posterior, las Piedras Amarillas y la montaña Guajara.

El edificio fue levantado en 1960 y tipológicamente es una construcción de montaña, con dos plantas y tejado a dos aguas, en la que no falta algún elemento canario, como las balconadas del cuerpo central. Recientemente reformado, se han mejorado y modernizado las habitaciones, que disfrutan de magníficas vistas sobre el Teide.

Además, sobre el Parador se puede disfrutar de uno de los cielos más limpios del mundo, ideal para los aficionados a la astronomía. De hecho, dispone de dos telescopios para uso de los clientes.

El gran atractivo de Tenerife es el Teide, esa pirámide cuyas nieves y neblinas han dado nombre a la isla, y que es una piedra viva cuya actividad como volcán fue vista por generaciones de aborígenes de las islas aledañas.

Lógicamente la vista desde la cima es inolvidable. Para llegar hasta ella lo más cómodo es el teleférico, inaugurado en 1971 y cuya plataforma se encuentra a 3.555 metros de altura.

El ascenso a pie se lleva a cabo por el sendero de Montaña Blanca. A mitad de camino se encuentra la cueva del Hielo, y a 3260 metros, el refugio de Altavista.

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