Origen de los hoteles

En el imperio romano existían posadas y tabernas dentro y fuera de la ciudad, que eran normalmente pequeñas, con un ambiente tosco, que sólo se utilizaban para comer y beber, y que contaban con establos para abrevar a los caballos.

Tiempo después se promulgaron leyes para regular y controlar este creciente negocio y a mediados del siglo XVI, en Inglaterra, estas posadas se hicieron más grandes y más numerosas, colocándose en puntos clave de la carretera y a lo largo del río, con capacidad para cien viajeros, y establos para caballos y carretas.

En el siglo XVIII comenzaron las construcciones de albergues en zonas costeras, ya que se consideraba el agua de mar como una terapia para muchos males; con el advenimiento del ferrocarril en el siglo XIX, hubo un incremento extraordinario de pensiones y hoteles, algunos muy lujosos, en terminales de ferrocarril y cerca del mar.

Muchos empresarios edificaron hoteles muy ostentosos, como el Savoy en 1889, y el Ritz, a comienzos del siguiente siglo. Esto trajo como consecuencia la mejora de los servicios, a causa de la competitividad, y la introducción de cocineros franceses con sus comidas y particulares presentaciones, hicieron de estos establecimientos, centros sociales para banquetes o fiestas en grupo.

La llegada del coche y el avión en el siglo XX, provocaron cambios en el tamaño y las prestaciones hoteleras, para satisfacer la gran afluencia de gente que producía la llegada de los colosos del aire, y una diversidad de nuevos alojamientos para todos los bolsillos y necesidades se fueron creando con el correr del tiempo.

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